Araucaria de Chile

La primera publicación fue en febrero de 1978 en París. Hasta 1984 la revista fue publicada en Francia, para luego hacerse en Madrid. Después de 48 números publicados, se edita la última edición en 1990. 

Decripción

Araucaria chilena fue una de las decenas de revistas que nacieron de chilenos en el exilio durante el periodo de la dictadura militar. Escritores, artistas plásticos, músicos, actores y académicos dieron vida a esta revista de carácter trimestral que llegó a más de 37 países de Europa y América, y que tenía como fin “ser una producción cultural de emigrados, en el periodo del ‘apagón cultural’ que vivía Chile, ayudando a encender todas las luces de la creación y el pensamiento” (Orellana, 1994). Es reconocida como la revista más emblemática hecha en exilio, por reunir a una gran cantidad de artistas chilenos y latinoamericanos y por la profundidad y diversidad de temas culturales que publicaron.

Araucaria se fundó en mayo de 1977, en París, punto geográfico medio entre los fundadores de la revista: el director vivía en Moscú, el secretario de redacción en Hungría, y el resto de los colaboradores permanentes residían en Italia, Holanda y Bucarest.

Creada con el respaldo de la dirección exterior del Partido Comunista de Chile, Araucaria nace en un contexto político y cultural interrumpido en el país, propiciado por el Golpe Militar. Se definió como una revista cultural, en donde se publicaron trabajos de más de cien escritores y artistas de las diferentes disciplinas; como una revista política (no de partido), pues el pensamiento cultural coincidía con la libertad de expresión y la inquietud social; y como una revista de exilio, creada por exiliados y difundida en el extranjero, en especial Europa -en donde se refugiaron la mayor cantidad de exiliados- y porque terminó de editarse cuando se estableció la democracia en Chile. “La revista nació en el exilio y se acabó cuando éste llegó a su término (sin premeditación)”, dice Orellana.

Era una revista de dimensiones pequeñas y que en cada número publicaban más de doscientas páginas con fotos de pinturas y esculturas, así como críticas de discos, fragmentos de libros, discursos políticos y culturales, ensayos y pensamientos de chilenos y colaboradores extranjeros.

La editorial del último número, lanzada en 1990 y única con edición doble en toda su historia, resume la visión de la revista:

“En doce de los dieciséis años que duró el tenebroso paréntesis asociados para siempre al nombre de Pinochet, nuestra revista fue una luz constantemente encendida en torno a los principios y normas de conducta que se dio desde su fundación: aglutinar a los chilenos –sin más exclusión que la de los partidarios de la dictadura- alrededor de una labor de creación y reflexión; recuperar nuestra cultura a que la sometía el régimen militar y contribuir a su desarrollo y robustecimiento; mantener vivo, en el destierro las claves de nuestra identidad y en el interior del país, las bases de una creatividad cultural sustentado en el amor a la plenitud y la belleza, asociados a la verdad, al credo humanista y a la visión de futuro. ¡Hasta pronto, en nuestro Chile recuperado para la democracia, para apoyarla y luchar por ella!”.

Editores a cargo

Araucaria se destacó por tener un equipo de trabajo cohesionado en permanente durante los doce años de publicación trimestral (1978-1990). Volodia Teiltelboim fue el director de la revista, que la dirigía desde Moscú. En el ambiente político, se decía que Araucaria era “la revista de Volodia”. Y Carlos Orellana fue quien ocupó siempre el cargo de Secretario de redacción, quien recepcionaba los trabajos de los colaboradores residentes en distintas partes de la Europa.

 Equipo periodístico

El equipo de colaboradores se destacó por estar conformado por artistas de las distintas disciplinas, más que por periodistas (que los había en un número reducido). En la revista se publicaron permanentemente trabajos de Antonio Skármeta, Luis Bocaz, Luis Alberto Mansilla, Carlos Martínez, Eugenia Neves, Soledad Bianchi, Leonardo Cáceres, Mario Benedetti, Mario Vargas Llosas, Julio Cortázar e Isabel Allende, entre otros.

En los últimos años se unieron al equipo Hernán Soto, Pamela Jiles, Ligeia Balladares, Enrique Lihn, Alfredo Bryce Echenique, algunos artículos ya publicados de la periodista Mónica González, y las fotografías de Álvaro Hoppe.

Reportajes

Conversaciones con Matta

Nº 1. Año 1978. Pág. 79. Sección Temas

 Este artículo es una entrevista al pintor chileno Roberto Matta, durante su exilio. En veinticinco páginas, Matta se pasea por su visión política y el rol de los artistas en contextos como los vividos en los setenta y ochenta. El artículo no tiene nombre de autor.

 ¿Cuál sería la función del artista en una cultura nueva?

Ahora, la función del artista en una cultura nueva, en una cultura revolucionaria sería la de destapar y abrir. No se trata necesariamente de pintar, porque, por ejemplo, la cosa interesante de Marx, aparte de que haya movimientos ideológicos y grupos políticos, lo importante es que Marx dice que se puede ver la historia, y que la historia es una materia como las otras materias y que tiene sus contradicciones y que se puede ver, en vez de seguirla como un tren. Freud dice la misma cosa: que se puede ver funcionar la psicología de una persona. Luego el verbo ver es mucho más importante, ami juicio, que pintar lo que se ve. Ese es un segundo acto, digamos pintar. Y se confunde. Como el interés de la gente que quiere tontos y que quiere salarios bajos es tener muchos tontos y crear muchos tontos, pone el acento sobre el pintar y no sobre el ver. Pero nosotros deberíamos poner el acento más bien sobre el ver que en el pintar. Pintar viene después. Se puede pintar muy bien, pero se puede hacer solamente una nota que sirva para ver. Después ese deleite de pintar puede venir más tarde, pero es menos importante.

Una pregunta directa: ¿cómo ves tu participación política?

Yo no soy político. No soy político. Digo lo que me pasa por la cabeza. No soy táctico y no puedo serlo. Puedo ser útil en la estrategia. Soy inútil políticamente completamente inútil. Puede ser que un táctico decida que yo –o un artista, Nome pongo sólo en esta situación- tácticamente puede servir en un momento, pero yo no lo sé hacer. Ahora, si tú llamas política a la verdad –estamos hablando de política en el sentido táctico-, por supuesto que yo estoy de parte de la verdad y estoy en contra de la gente que miente. Yo entiendo qu se puede mentir tácticamente. Estratégicamente es tontería mentir, porque te caen las piedras sobre la cabeza a ti mismo. E ideológicamente mentir es imbecilidad y ceguera total. Pero en el sentido práctico, táctico, no soy político. En el sentido estratégico e  ideológico, digamos que lo revolucionario es la salud, que quien no es revolucionario se queda atrás de lo que está verdaderamente pasando en la especie, en la historia. De manera que el reaccionario es insalubre, un tipo a quien le circula mal la sangre, un tipo que está fuera de lo que está verdaderamente pasando. Todas esas palabras por coincidencia se parecen, porque se dice reaccionario en el sentido de que es una persona que está dificultando la transformación. Para compararlo con un feto, es revolucionario si quiere nacer. Si principia a hacer cosas para quedarse ahí once meses, porque es más cómodo quedarse dentro de la mamá que salir, principia a enfermarse y cuando tiene doce meses sale muerto. De manera que la revolución en algún sentido se parece a la necesidad de nacer. Hay que hacer todo lo posible  para poder nacer y en el menor tiempo posible, dentro de la salud, y no atrasar las cosas y usarlas mal. Lo revolucionario es dar vida –aunque ahora la palabra revolucionario se usa en todo: las polleras son revolucionarias, la música de jazz es revolucionaria, en fin. ¿Ves tú? Entramos en esta cuestión del verbo ver.

 El compromiso del escritor latinoamericano”, Isabel Allende

 Nº23. Año 1983. Pág. 171. Sección Crónica.

 Esta es una ponencia de la escritora chilena, en el Primer Encuentro de Escritores de Lengua Española, propiciada en Sevilla, en octubre de 1983. Araucaria no sólo publicaba trabajos inéditos de los artistas, sino también una gran cantidad de material que se exponía en encuentros, discursos varios, e incluso artículos de otros medios de comunicación como la revista Apsi o el diario El País.

 (…) Este periodo pasará a la Historia como un tiempo de tinieblas. Los escritores están comprometidos con la realidad. Ninguno puede permanecer al margen de esta tragedia, todos deben asumir una posición. Quienes aún tengan la esperanza de mantenerse a flotes en este mas de lamentos, refugiados en la torre de maflo de las letras, no tardarán en percibir que, desgraciadamente para ellos, ya en América Latina no hay torres de marfil para nadie y menos para los escritores. Neruda dijo que los libros se escriben con besos. Cierto, pero hay circunstancias en que se escriben con besos y también con balas.

La literatura latinoamericana ha sufrido graves embates en la última década. Las listas de desaparecidos y asesinados por los cuerpos de seguridad incluyen nombres de escritores. (…) En las dictaduras el control de la opinión pública es una necesidad primordial, por eso la represión se enseña en el ámbito de la información y la cultura. Los artistas son aislados. Se termina el diálogo, que es indispensable para el génesis y el desarrollo de cualquier forma de pensamiento. (…) Al abandonar la patria en forma violenta, por lo general, se sufre una paralización, que puede ser bastante prolongada. Hay que adaptarse a otros climas, otras gentes, a veces a otro idioma. Superado ese choque inicial, comienza una época de nostalgia, tristeza y furia, en la cual surge la literatura testimonial que caracterizó a la segunda parte de los años setenta. (…) es difícil hacer buena literatura desde el centro del huracán de las propias emociones. (…) desde afuera el escritor tiene al menos una ventaja: la libertad. Pero carece de sus raíces. Lejos de su ámbito, requiere un portentoso esfuerzo de imaginación y un desmesurado acto de amor para crear, porque le falta el alimento cotidiano, el contacto con su gente, el propio suelo para caminar. Más de un escritor exiliado ha llegado, después de mucho andar y sufrir, a darse cuenta de que su patria es toda Latinoamérica. (…) Gran parte de la de la creación valiosa se realiza desde la oposición. La mejor poesía se ha hecho en prisión, proclamando al mundo que lo escrito en la sombra está lleno de luz.

(…) En el siglo XVII fueron los escritores quienes abrieron paso a la libertad, la igualdad y la democracia en Europa. Ahora nosotros tenemos una misión que cumplir en la vanguardia, porque el peor enemigo de la barbarie son las ideas. Al oscurantismo vamos a oponer la palabra, la razón y la esperanza. Estoy segura de que en esta tarea contaremos con la ayuda solidaria de los escritores de España (…).

 Los rostros de Neruda”, Luis Alberto Mansilla

Nº48. Año 1990. Pág.169. Sección Temas

 El autor es uno de los periodistas que colaboró constantemente con Araucaria. Volvió a Chile, después de quince años de exilio, en 1989, y dirigió el Boletín Informativo del Comité Exterior de la Central Única de Trabajadores hasta el último número en diciembre de 1988. Este es un perfil a Pablo Neruda, trabajado con material de la doce entrevista que el periodista le hizo al poeta, entre los años 1958 y 1973 para el diario El Siglo y la revista Vistazos. En el prólogo, Mansilla asegura que las entrevistas no fueron hechas nunca con grabadoras y se basaron más en la conversación fluida y de observación. Así es como describe, en dieciséis páginas, la experiencia de haber compartido con el premio Nobel desde que tenía 15 años.

 (…) Cuando me despedía de él después de estos encuentros le decía a menudo: “Pablo, no sé qué voy a publicar en el diario” y él me respondía:

-Pon lo que se te ocurra, inventa cosas. Te autorizo a que digas lo que no te dije. Tú me conocer a mí.

Naturalmente, me cuidaba de no inventar demasiado, pero también de no reproducir algunas opiniones de Neruda que no eran oportunas o eran confidencias que podrían herir la epidermis siempre delicada de algunos escritores y políticos nacionales. El diario o la revista para la que trabajaba tenía que cuidar las alianzas políticas del momento y no escandalizar con Pablo Neruda, que era miembro del Comité Central del partido Comunista.

 A veces Neruda me decía:

-Tú vienes sólo para explotarme. Olvida alguna vez tu nefasto oficio, y ven a Isla Negra, hay sitio para ti y cuéntame lo que sucede.

En varias ocasiones acepté estas invitaciones y los encuentros fueron mucho más interesantes que en mis entrevistas.

 Entrevistas gratas e ingratas

El director de la publicación (revista Vistazos), Edesio Alvarado, me dijo que era necesario hacer una entrevista a Neruda pero que el poeta se negaba porque sospechaba que en la redacción había un grupo de amigos de su rival Pablo de Rokha, con quien libró una guerrilla que duró hasta la muerte. (…) Sólo aceptaba el encuentro si el reportero reunía dos condiciones: que no fuera poeta y que no tuviera nada que ver con Pablo de Rokha, además, que no mostrara opinión alguna acerca de su reciente decisión de hacer pública su relación con Matilde Urrutia. Yo reunía esas condiciones.

-Sólo tengo diez minutos para usted. Y no contesto preguntas sobre casamientos no sobre el precio que cobran los libreros que venden mi poesía.

Sus respuestas a mis preguntas fueron breves e insuficientes. Y apenas transcurridos los quince minutos se despidió de mí sin hacer caso de que expresara que no había contestado ni la mitad de las preguntas que deseaba formularle (…)

“Y qué te pareció Pablo, ¿cómo te trató?”, me preguntó el director. Le respondí: “Me pareció detestable y te ruego que no me envíes de nuevo a entrevistar a un hombre tan antipático”.   

No obstante, esta impresión no afectó mi devoción por su poesía (…).

Pasó más de un año antes de que surgiera una segunda entrevista. El poeta había realizado a fines de 1960 una gira por Europa y por la Unión Soviética. Al regresar, su secretario Homero Arce llamó por teléfono diciendo algo sorprendente:”Pablo quiere relatar todo lo que vio en su viaje y pide que venga a Isla Negra un periodista, ojalá sea Masilla…”

 Dos caras de la medalla

Los rasogs de generosidad del peota eran a veces conmovedores y tan insólitos como lo fueron algunas actitudes suyas mezquinas y rencorosas. Recuerdo dos ejemplos al respecto. En una ocasión me preguntó cuál era mi sueldo como periodista de El Siglo. Le señalé la exigua cantidad, y le hablé además de la irregularidad en los pagos. No hizo mayores comentarios. Pero al regresar a casa encontré en el bolsillo de mi abrigo unos billetes que representaban más de dos meses de sueldo. Pensé que Matilde los habría metido allí por equivocación y llamé a Homero Arce al día siguiente. Homero me contestó que él había puesto los billetes en mi bolsillo por orden del poeta y que el compromiso era no hacer comentario alguno y olvidar el asunto.

La otra cara de la medalla la conocí a raíz de una entrevista solicitada por la Agencia Novosti desde Moscú. Le entregué a Neruda un cuestionario que me fue devuelto con todas las respuestas, salvo una que se refería su opinión sobre el realismo socialista en la literatura y las artes plásticas. Envié y fue publicada en varios periódicos del mundo. Al poco tiempo me encontré con Neruda en una recepción de la Embajada Soviética. Se apartó de un grupo para llevarme hacia un rincón. Estaba furioso.

–         Te has permitido – me dijo- censurar mis declaraciones y eso yo no lo tolero. Nunca más volverás a entrevistarme. Y además te advierto que a una muchacha reportera que hizo lo mismo en una entrevista la despidieron de inmediato porque yo me quejé.

–          No te felicito por la hazaña, porque es seguro que ese trabajo significaba para la muchacha su única posibilidad de ganarse el pan. Puedes también llamar y ordenar que me despidan.

December 6, 2009. Uncategorized.

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